martes, 24 de mayo de 2011

Consumo y ética. En busca del sentido.

V: Olvidaste completamente la solución, dada por ti en algún post, a tus últimas interrogantes. Lo que mueve ahora es el consumo; lo que ahora rige la vida del individuo es su necesidad de pertenecer a algún estrato social con el que, volutivamente, se identifica a través de su consumo. Pero su quehacer y forma de pensamiento no corresponde al mismo.

Por otro lado, la salvación no es necesariamente un dilema universal, estas cayendo en la idea de que nuestros valores son LOS valores, lo que me lleva a cuestionarte: ¿Estas visualizando un probable retorno a las ideologías antiguas de corte religioso o un ingreso a las mitologías ligeras promovidas por un mercantilismo ideológico?

F: Coincido contigo al afirmar que el consumo es lo que actualmente está moviendo  a los individuos hacia el esfuerzo de construirse una identidad, pero la propia lógica del capitalismo, como productor de novedades que aceleran la circulación de capital, hacen que este esfuerzo de afirmación del Yo se convierta en un proceso inestable que no permite la fijación de ningún sentido más allá de la propia rapidez con la que aparecen nuevos y muy variados clichés. En esto último no me dejaras mentir o al menos me corregirás con la ayuda de tu tesis de licenciatura.

En cuanto a una posible propuesta de retornar a ideologías de corte religioso me gustaría hacer una aclaración. En notas anteriores he afirmado que detrás de muchas de estas ideologías existen principios éticos que podríamos compartir, como ellas lo hacen, sin caer en el fundamentalismo o en el dogmatismo sobre la creencia de Dios, Yahvé, o cualquier otro ser divino que recuerdes. Incluso estos principios existen como fundamento de filosofías orientales como el budismo, el brahmanismo, el taoísmo o el confucianismo, que bien sabes no necesitan la idea de divinidad. ¿Pero cuáles son estos principios? La regla de oro. No hagas lo que no quieras que te hagan a ti. Este y muchos otros principios de civilidad han sido predicados desde tiempos más remotos que las primeras comunidades cristianas, y eso ya es algo de tiempo. Las encontramos incluso en el código de Hammurabi, donde ya se plasmaban principios de responsabilidad social para con las viudas, los huérfanos, etc. como una función y principio ético del Estado. El Estado de Bienestar no es tan nuevo como se cree. Es esta la propuesta que, no yo sino, antiguos, clásicos, pensadores diseñaron para sus propias utopías; Platon, Aristóteles, Tomas Moro, San Agustín, por nombrar algunos. Personalmente estoy en el dilema de qué promover; si una revalorización de esos principios éticos que compartimos, tal como lo promovió el parlamento de las religiones con su Manifiesto por una ética mundial, o, siguiendo mi fatalidad, crear elementos distopicos, fundados en la conciencia del conflicto como elemento inherente no solo a la humanidad sino a la naturaleza en su conflicto, tal como lo hicieran Huxley, Orwell, Papinni...

No hay comentarios:

Publicar un comentario