I
Por siglos nos hemos esforzado por entender y controlar el medio que nos rodea para tratar de hacer de nuestra vida una vida mucho más cómoda y fácil. Sin embargo, en el camino hemos convertido nuestros propios fines, nuestros más idealizados anhelos, en solo medios para reafirmar lo que en un principio nos permitió sobrevivir, pero que ahora podría ser la causa de nuestra propia destrucción; nuestro egoísmo y nuestro desdén por nuestros semejantes, incluso por nosotros mismos.
Siglos de investigación y desarrollo solo nos han permitido reducir al Hombre a un mero componente orgánico basado en el carbono y de ver en nuestro entorno solo una pila de estructuras inanimadas protoplasmáticas susceptibles de manipulación y explotación comercial, en la que los mismos científicos, quienes redujeron los fenómenos y los sujetos a las verdades ultimas enunciadas líneas arriba, ahora son capaces de reinventar creativamente los mismos principios que destruyeron, pero con consecuencias adversas que ellos desconocen o dicen desconocer.
Esta cosificación del entorno que nos envuelve, ese reduccionismo que nos hace ver en todo y en todos simples recursos propensos a una explotación intensiva nos ha llevado a la situación económica, política, social, ambiental y cultural que hoy padecemos, situación que nos ha desgastado anímica y éticamente.
II
La forma en que hemos venido desarrollando nuestro conocimiento y aplicándolo a la industria y a la agricultura es heredera del positivismo filosófico que ha hecho del nihilismo y del narcisismo los pilares sobre los que descansa todo el sistema consumista depredador. El pragmatismo económico ha provocado en el último siglo y medio una sobreexplotación de recursos. El último siglo y medio ha generado la mayor riqueza producida por la humanidad en toda su historia, de acuerdo, pero también ha permitido la mayor desigualdad en su distribución.
Durante el último siglo y medio hemos sido capaces de duplicar en varias ocasiones nuestra capacidad de producir alimentos, pero poblaciones en regiones enteras alrededor del globo siguen padeciendo hambrunas, situación que, dada nuestra tecnología y conocimiento agrícola y pecuario, deberían ser insultante.
Pero ¿Qué es lo que ha permitido que hayamos llegado a esta situación?
III
En el mercado agroalimentario, como en el resto de los sectores económicos, se enfrentan dos modelos de desarrollo y dos ideas sobre lo que significa la producción en términos económicos y sociales.
Por un lado tenemos al modelo I, preocupado por introducir en sus procesos de producción las mejores innovaciones que le permitan reducir costos, minimizar riesgos y aumentar beneficios, en pocas palabras, que le permitan aumentar las ganancias. Sin embargo, detrás de este aparente progreso técnico, tecnológico y científico se esconde también otro proceso por el cual busca elevar sus ingresos; reducir los beneficios que ingresan a los bolsillos de sus empleados. Y eso no es todo, para los dueños de las empresas que participan de este modelo las personas empleadas han pasado a ser también un factor más de la producción, objetos anónimos, reemplazables, nulos por sí mismos.
Por el otro lado tenemos al modelo II, un modelo que intenta incorporar al conocimiento tradicional una nueva visión de sustentabilidad y sostenibilidad productiva de largo plazo, ecológica y socialmente responsable. No obstante, claro, hay que reconocer que su producción tiene un mayor costo por lo que sus mercancías circulan con un precio igualmente elevado, lo que las convierte en productos especializados para mercados selectos.
Pero también hay que señalar que sí el modelo I, además de socializar los costos y los riesgos de la producción, redistribuyera las ganancias que genera, acercara la información y el conocimiento a los que la ignoran y devolviera a las personas que emplea la humanidad que en ellos existe, estas no sólo serían capaces de consumir lo producido por el modelo II, si no que, también, expandirían este modelo en todas las direcciones. Alguna vez Kurt Cobain dijo que “si los medios difundieran mas música, la gente tendría mejores gustos”, Sin ser economista, el principio que fundamenta su frase contiene una gran verdad; una mayor difusión del conocimiento y una mayor distribución de la riqueza facilitaría el que las personas consumieran mas y verdaderos mejores bienes y servicios.
Un modelo produce para el consumo social, el otro ve el consumo social como medio para elevar las ganancias privadas.
¿Cómo saciar el deseo de ganancias privadas a favor del beneficio colectivo?
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