viernes, 27 de mayo de 2011

México y sus jóvenes

Según la Encuesta Nacional de Discriminación 2010, elaborada por la Conapred, el 35.6%  de los jóvenes entrevistados entre los 18 y los 29 años considera que la falta de empleo es el principal problema que enfrentan, seguido por las adicciones que representan el 11.1% en su percepción.

¿Estas opiniones reflejan el contexto real en el que viven los jóvenes del país?

Recientemente el rector de la UNAM reconoció que la Universidad solo puede atender el 5% de la población que demanda un espacio en esta casa de estudios. Esto no es algo nuevo, durante el 2006 únicamente el 24% de los jóvenes entre 19 y 23 años logró acceder a la educación superior, mientras que en 2008 este panorama no mejoró cuando solo el 25.6% de la población entre 19 y 23 años lo consiguió.

Por tal motivo, este segmento también registra el mayor desempleo en la actualidad, si partimos de la premisa de que el acceso a la educación, así como la calidad de la educación que se recibe, determina la posibilidad de obtener un empleo y un buen salario.

Hablando de la calidad de la educación que se recibe, la reforma educativa que se pretende impulsar en el país se debate entre formar personas competentes en términos productivos, bajo modelos educativos y curriculares propuestos por la expansión de la educación técnica superior, y formar ciudadanos que ayuden a construir una sociedad económica y democráticamente madura.


Sin embargo, la posibilidad de que la aparente recuperación económica, anunciada por el optimismo estadístico del secretario de Hacienda, sea capaz de generar los empleos necesarios para la población joven es mínima.
Una economía basada en la exportación petrolera, actividad que cada vez va más en picada, no será capaz de generar opciones serías de empleo, lastima para los cientos de estudiantes que se preparan en geociencias en los ínfimos institutos tecnológicos municipales.

La pujante industria aeroespacial exige personal altamente calificado, pero las compañías del sector lo importan y generan su conocimiento en sus propios centros de investigación, lo que disminuye la oportunidad de generar cualquier vínculo con las universidades del país.

El tradicional sector manufacturero fronterizo, como buena parte de la industria nacional, se enfrenta a la inseguridad que priva en la zona y a la fortaleza de la economía china, factores que disminuyen su capacidad de generar empleos y que incluso ponen en riesgo su participación en el PIB, por una parte, y le restan atractivo para la inversión, por otra.
Finalmente, el grueso de la agricultura campesina se ha convertido en una actividad que solo permite la supervivencia, mientras que la agricultura comercial de exportación, intensiva en el uso de mano de obra, solo alienta la desterritorialización de la población, rompiendo las estructuras sociales de sus lugares de origen.

Continuará…

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