lunes, 23 de mayo de 2011

El arte y la vulgarización del placer

En 2003 el artista britanico de origen indio, Anish Kapoor presentó en la Tate Modern de Londres una gigantesca escultura titulada Marsias (En respuesta a la obra de Tiziano; Desollamiento de Marsias), en dicha presentación Kapoor, refiriendose a su propio trabajo, comentó: "No tengo nada que decir como artista, no creo que decir algo sea importante. Pero pienso que que es posible crear lugares cargados de energía, ámbitos de cierta intensidad"

Es claro que para Kapoor lo más importante es el deseo y el placer sensorial, sin importar su origen y trascendencia, toda vez que lo unico que se vive es el presente como consecuencia del olvido del pasado y de la indiferencia frente al futuro. Donde lo Otro, luego de convertirse en mero Objeto, se convirtió en experiencia.

El objeto supone una ubicación espacio temporal claramente definida con la cual se le reconoce cierta autonomía con la forma en que lo percibimos. La experiencia, por el contrario, se olvida de que el Otro, no obstante su reduccion a Objeto, posee una individualidad. La experiencia valora el mundo a partir de las sensaciones que exige el sujeto, y estas sensaciones, al igual que ella misma, carecen de ubicacion espacio-temporal hacia la cual dirigirse --es decir de un objeto que las provoque- por lo que la satisfacción personal sujeta a lo vertiginoso de nuestros deseos se convierte en la medida del mundo.

Tal parece que, para Kapoor, no importa la reflexión basada en el ejercicio linguistico --lo que incluiria la percepción de Otro, y no solo de nuestas sensaciones- cuando lo importante es la sensación que nos provoca las experiencias contenidas en un tiempo infinito, y, por tanto, no definido, cargado de estimulos que no conocemos. Parece no importar hablar sobre los placeres, lo último de la cultura hedonista, solo vivirlos, aun a costa de cosificar al otro, de convertirlo en experiencia volatil.

La cultura consumista y hedonista moderna promueve la permanente satisfacción del Yo mediante el vacio existencial colectivo. Ironia. En este contexto, todo parece ser una falsedad provocada por el ansia y la necesidad, artificialmente construida, de permanecer atascados de experiencias novedosas.

En estos tiempos parece no existir las condiciones para el arraigo. La transformación permanente del yo es la premisa que mueve el sistema, a pesar de que los individuos no puedan reconocerse a sí mismos mas que como antenas receptoras de sensaciones. Irregularidad, impermanencia, los frutos del sistema consumista.

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