lunes, 23 de mayo de 2011

La iglesia como institución

Al institucionalizarse los principios, de cualquier tipo, estos pierden su carácter público y pasan a ser dominio de ciertas élites que les impregnan su muy particular interpretación, como ejemplo la misma iglesia (institución) que después de sus tres primeros siglos cerró la posibilidad de interpretar de manera individual las escrituras al latinizar todo, al excluir lo que a ellos les pareció innecesario (evangelios apócrifos) y al extraer lo que de democrática tenia la primitiva comunidad cristina y sustituirla por el cónclave demasiado elitista para designar al vicario de Dios en la tierra.

Esta institucionalización, después de la exclusión que degenera la construcción y en el reforzamiento de una verdadera comunidad, provee a sus encargados ciertas prerrogativas, como la interpretación sesgada (por qué solo Moisés y los levitas podían hablar con Dios? o por qué solo los papas y los clérigos debían interpretar la sagrada palabra?) que les provee el poder sobre quienes dependen de dichas valoraciones, de ciertos planes o de tales objetivos creados en el seno de una grupo por completo ajeno a la comunidad. Este poder, al no encontrar oposición que le arrebate el mando, se refuerza y alcanza a absorber, dominar y asimilar otros poderes (la conquista de palestina por los judíos o la evangelización de Roma y del imperio romano por obra de la influencia que adquirió el cristianismo en el mediterráneo al rededor de siglo IV). Sin embargo, la incisión y el debilitamiento de esta institución termina originándose en su propio interior (la división de la iglesia cristiana en una iglesia de occidente y de oriente, la católica romana y la ortodoxa; la reforma protestante) debido a una desvirtualizacion del sentido de sus principios (Erasmo de Roterdam, Juan Calvino y Martin Lutero fueron severos críticos de su propia Iglesia a la que intentaron reformar sin salir de ella en un principio y de la cual salieron, posteriormente, ante la cerrazón de la jerarquía de Roma iniciando así el surgimiento del protestantismo). Por otra parte, la institucionalización se fragmenta a sí misma para extender su control aunque, paradójicamente, se debilita interiormente al crear interpretaciones diversas sobre principios supuestamente comunes (concilios religiosos que ahondan las diferencias entre órdenes  religiosas; cuanta diferencia hay entre los mendicantes franciscanos, los cartujos y los jesuitas) dando paso a nuevas instituciones que cobran importancia por sí mismas.

Después del preámbulo, necesario para entender la situación actual de la iglesia católica apostólica y romana, debemos reconocer que esta no es una institución que por sí sola amalgame sus diversas propuestas, el papa mismo es una institución con su propia reputación (El papa Juan Pablo II), las órdenes religiosas lo son un tanto también (al grado que han desarrollado universidades con métodos y objetivos muy diferentes). Esta desinstitucionalización ha generado que al interior de la iglesia, además de la corrupción de los principios que la fundaron, se origine un resquebrajamiento que la imposibilita a actuar como un todo. Sus diversos posicionamientos religiosos, sociales, políticos y culturales dan cabida a una infinitud de posiciones. Posiciones que se asumen desde esta plataforma por la influencia política que hay detrás de ella. Su influencia seduce, pues es Poder.

La evangelización, con dogmas de por medio, ha dejado de ser una preocupación para la iglesia, como un todo y como una confrontación entre las partes que la componen, por lo que los dogmas de carácter religioso han pasado a segundo término. Los nuevos dogmas políticos, si acaso podemos llamarlos así,  son la nueva base a partir de la cual la iglesia pretende conservar su influencia en el mundo (su discurso sobre los derechos humanos, el Manifiesto por una ética mundial). La flexibilidad frente a temas tan delicados como el aborto, la muerte asistida, la eugenesia son también intentos de ganar simpatías entre los círculos que simpatizan o que rivalizan con estas propuestas (las declaraciones contradictorias entre cualesquiera de los miembros de la iglesia no hace más que manifestar la misma incisión intelectual que hay en su interior). Lo anterior me hace suponer que la iglesia trata de convertirse más que en una guía espiritual (pues ahora todos tenemos acceso a la Palabra bajo cualquier idioma para construir cualquier interpretación) en un referente político y social en el mundo y para lograrlo, desde sus distintas y muy variadas interpretaciones, ha tenido que adecuar su discurso en función del campo en el que trata de imponer o de hacer reconocer sus intereses y sus propuestas (desapareció el limbo, apoyan la búsqueda de vida en otros planetas).

Recordemos, finalmente, que la iglesia es y actúa como un Estado y que, como tal, tratará de dejar sentir su influencia en el concierto de las naciones. Su papel religioso lo ha cedido a nuevas corrientes creadas a la carta. Pero esa es otra historia.

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