I
La incertidumbre que reviste el futuro se reduce en la medida en que somos capaces de encaminar el infinito número de posibilidades hacia los fines que nuestras necesidades generan. El cuestionarse sobre el estado actual de la ciencia supone debatir sobre aquello que evidentemente no hicimos bien. El plantearnos hoy lo que actualmente no estamos haciendo mejor es la única forma para encauzar el camino que nos lleve hacia la ciencia que queremos generar mañana para poder atender las necesidades de aquellos que aun no existen, y de paso resolver los problemas que todos, los vivos y los muertos, hemos generado tratando de saciar nuestras voluntades.
II
La producción de conocimiento es una cuestión prioritaria para el desarrollo económico de un país, pues supone la proliferación de patentes y, con ello, un impulso a la industria y al comercio en todos sus niveles. No es casualidad que grandes potencias económicas como Alemania, Finlandia, Japón, Corea del Sur y Estados Unidos, quién ejerce el 40% del presupuesto mundial destinado a la investigación, sean los principales países generadores de conocimiento. Mientras que nada debe sorprendernos el hecho de que países emergentes como Brasil, India, México y China, éste último el principal centro manufacturero del mundo, sean los principales consumidores del conocimiento que se genera más allá de sus fronteras.
¿Pero cuáles son los aspectos que permiten el desarrollo de estas economías basadas en el conocimiento? Tratemos de responder.
Gente e ideas: educación en México.
En los principales rankings que clasifican a las mejores universidades del mundo, de entre los que encontramos los publicados por la Universidad de Shanghai Jiao Tong, por el Times Higuer Education y por el U.S. News and World Report, solo encontramos, mas allá de los primeros 150 sitios, a la UNAM como única representante mexicana superada por universidades de Brasil, Chile y Argentina.
Por otra parte, durante el 2006 solo el 24% de los jóvenes de entre 19 y 23 años lograron acceder a la educación superior, mientras que más del 70% de la población ubicada dentro del rango consigue acceder a este nivel educativo en Finlandia y Australia. En Estados Unidos y China lo consigue alrededor del 50% de los jóvenes.
Durante el 2008 este panorama no mejoró; solo el 27.6% de la población de entre 19 y 23 años consiguió acceder a la educación superior, siendo este segmento el que también registra el mayor desempleo en la actualidad. Dicha situación es de esperarse si partimos de la premisa de que el acceso a la educación, así como la educación que se recibe, determina la posibilidad de obtener un empleo y un buen salario.
Ante los escenarios descritos ¿Cuál ha sido la respuesta del Estado? ¿Bastaría un mayor impulso a la educación si no existe una economía capaz de absorber a la población que se prepara en el sistema educativo? ¿El papel que México desempeña en la economía mundial, como consumidor de conocimientos, le permitirían revertir dicho escenario?
Durante la última década el Estado ha aumentado el presupuesto destinado a la educación superior gracias a los ingresos por la venta de hidrocarburos –y no debido a la evidente incapacidad de recaudación fiscal del sistema impositivo mexicano y aun a pesar del intenso cabildeo para la aprobación del presupuesto federal- y al concomitante aumento del gasto programable, pero este ha disminuido en relación a renglones como los de salud y asistencia social. Dicho aumento en el presupuesto, aunado al cambio en la política económica y educativa, ha favorecido la multiplicación de las Universidades Tecnológicas y Politécnicas como parte de la estrategia para aumentar la cobertura de la educación superior en México (Flores-Crespo, 2009) pero, ¿Por qué impulsar estas y no otras opciones de educación superior? Si estas se han impulsado partiendo de la creencia de que generan inclusión económica y social en las regiones en las que se emplazan ¿Por qué no se han llevado también las inversiones necesarias para crear los puestos de trabajo demandados por los egresados de dichas instituciones? Por otra parte, si la propuesta educativa de las universidades tecnológicas y politécnicas es generalmente práctica y técnica ¿Por qué asistimos a la inclusión de carreras a nivel licenciatura en dichas instituciones? ¿Lo anterior, confirma la poca aceptación de los tecnológicos y los politécnicos en la sociedad, la poca efectividad para relacionar a sus egresados con el mundo laboral? o ¿ha reproducido las deficiencias del sistema educativo en su conjunto? Si se comprobase lo primero sería conveniente preguntarse ¿realmente, a quien favorece este tipo de educación? Si el caso fuera el segundo ¿la educación técnica podrá convertirse en una fuente de conocimiento científico y en una verdadera palanca de desarrollo económico y social?
No obstante, la matricula ha alcanzado más de 32 millones de estudiantes. Sin embargo, solo el 8.6% de este aumento representa a la educación superior, en todas sus variantes, incluido el posgrado. En este rubro se logró una ampliación de 65 mil estudiantes, 84% de los cuales se registró en instituciones privadas, que, actualmente, superan los 781 mil establecimientos favorecidos por los Registros de Validez Oficial y por las posibilidades de incorporarse a universidades de mayor prestigio, tanto públicas como privadas. Estas, frente a la paulatina despreocupación del Estado por otorgar mayores opciones de educación, también comparten la responsabilidad por el empobrecimiento del sistema educativo, aunque, siendo justos, debemos reconocer que el Tecnológico de Monterrey figura en el lugar 339 del ranking publicado por U.S. News and World Report.
Por otra parte, ante la internacionalización de la oferta educativa de un país, como factor de evaluación de su sistema educativo, ¿Cuál ha sido el desempeño mexicano? Nuestra fuga de cerebros ha alcanzado los casi 25 mil estudiantes de los cuales muchos, seguramente, han padecido la constante reducción de las becas CONACYT otorgadas a nuestros estudiantes, la bonanza de los 70`s ha desaparecido, reduciendo la posibilidad de un intercambio académico, científico y tecnológico a nivel internacional, mientras que los estudiantes extranjeros que llegan a nuestro país por estancias de poca duración provienen de naciones latinoamericanas y aquellos de origen europeo que llegan a México seguramente son más fuertemente atraídos por nuestro folklor que por nuestro sistema educativo; una suerte de turismo alternativo.
Inversiones y transferencia de tecnología
Con la entrada en vigor del TLCAN se supuso que la internacionalización de la educación superior y la entrada de una considerable suma de inversiones cubrirían las necesidades de transferencia de tecnología y de generación de ciencia pero, a la luz de los hechos, ninguno de los dos supuestos se ha cumplido del todo.
El Índice de Economía de Conocimiento del Banco Mundial ubica a México en el lugar 54 de 128 naciones consideradas. No obstante, la economía del conocimiento ha llegado a sectores estrechamente vinculados con el sector exportador, tanto de bienes primarios como secundarios. Sin embargo, este sector en México ha perdido espacios frente a la productividad de otros países lo que hace suponer que las inversiones que llegaron junto a la ciencia y la tecnología desde otras latitudes emigren paulatinamente hacia otros rincones del globo.
III
Con un sistema de educación superior insuficiente e ineficiente, aunado a estrategias improvisadas de inclusión educativa, bajo condiciones de inmovilidad estudiantil e incertidumbre económica internacional, rematados con intenciones de suprimir la filosofía como materia obligatoria de estudio, y con ello la imposibilidad de contar con una visión humanista tan importante para científicos como Erwin Schrödinger, ¿Qué podemos esperar del futuro estado de la ciencia en este país?
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