lunes, 23 de mayo de 2011

México y el capitalismo al revés

A principios de los 70 el gobierno chileno de Salvador Allende fue víctima de un golpe de estado perpetrado por Augusto Pinochet. Tras la militarización del país andino y la violencia ejercida sobre la sociedad, que destruyó libertades civiles y democráticas, se instauró en Chile el laboratorio que pondría en práctica un nuevo modelo económico (creación de Milton Fridman) auspiciado por Estados Unidos, quien siempre ha estado interesado en construir un orden económico latinoamericano acorde a sus intereses sobre el hemisferio. Todo en complicidad con las autoridades que desatendieron las voces de inconformidad de la sociedad civil.

En México, desde principios de los 80, se instauró el modelo que en Chile se ensayaba, con los buenos resultados que la violencia ejercida por su gobierno y la artificialidad macroeconómica podían proveer. El impacto que tales políticas han tenido en nuestro país en la contracción del gasto público y en la reducción de la inversión productiva y el gasto social han provocado la desarticulación del mercado interno, el empobrecimiento de miles de mexicanos y el debilitamiento de la estructura social y económica; mientras que la apertura al exterior solo ha favorecido a un reducido sector de la población y a un importante número de especuladores financieros que nos han saqueado en un par de ocasiones. Tal desigualdad hizo que el descontento social se hiciera presente. Ante las fallas del mercado, el gobierno mexicano se ha empeñado en continuar con las reformas económicas que solo han entregado paulatinamente al país a una iniciativa ajena al interés nacional. Ante la inconformidad social el gobierno presta oídos sordos y puños duros.

La necedad de algunos llevó a Chile a una de las épocas más represivas en Latinoamérica, en abierta oposición a una legítima aspiración democrática del pueblo chileno que libremente eligió a Salvador Allende.

La esquizofrenia de otros tantos está llevando a México a un estado donde la violencia es el último recurso para sostener un modelo incapaz de atender las demandas legitimas de una sociedad mexicana que por décadas ha olvidada por un modelo al que le importa poco su bienestar y porvenir.

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