martes, 24 de mayo de 2011

El tedio y la devirtualización del YO

Si la sociedad se nos presenta como algo aburrido y completamente insustancial por su incapacidad de provocar en nosotros interés alguno y ante la cual, progresivamente, se desarrolla nuestra indiferencia, no es de sorprender que la capacidad perceptiva de los individuos, y con ello la de la sociedad misma, se degenere día a día y no sea capaz de percibir la gravedad, la seriedad y la irreversibilidad de los sucesos que nuestra propia indiferencia permite. Esto no es un problema psicológico. Esto es un problema estructural que se gestó al interior, y a partir, de las contrastantes y contradictorias relaciones sociales donde se desvirtuó la noción de individuo. 

Al darle demasiado protagonismo al YO se desvirtuó su carácter. El individuo creyó que era capaz y, por lo tanto, tenía derecho a todo provocando que lo poco que conseguía se convirtiera en un insulto a sus pretensiones y a su soberbia lo que, finalmente, alimentó su avidez y fomentó su insaciabilidad.

La proliferación de la industria del entretenimiento --basado en principios económicos productos del yo desvirtuado- constata la progresiva e imparable extensión del tedio en la sociedad, como al mismo tiempo comprueba que el tedio se ha convertido en una fuente de riqueza insuperable. El que continuamente, mediante los medios masivos de información, se nos recuerde que nuestros efectos personales son cada vez más anticuados, y por lo tanto más aburridos y tediosos, le ha permitido al sistema profundizar en los métodos de enajenación logrando así basar la estabilidad de su reproducción, como sistema dominante, no ya en la generación de ganancias sino que, también, en la imperiosa necesidad de perpetuar la indiferencia, el tedio, mediante las novedades y la moda, trivializando nuestros deseos.

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